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miércoles, 12 de junio de 2013

DIRIGIENDO CON LAS CHANCLAS DE PLAYA

Este pasado domingo bajé a la calle a tirar la bolsa de basura, mientras se despedía el "40 de Mayo" con lluvia y frío. Me crucé con una mujer que llevaba un chaquetón abrochado hasta el cuello, con la cara pálida y aterida de frío, y me llamó la atención que calzaba unas chanclas de playa con los pies totalmente desnudos.

Me pareció bastante inapropiado, teniendo en cuenta que llovía, y cuanto menos contradictorio.

¿Chanclas con abrigo???.

Si uno ya ha sacado la ropa de Verano del armario y vienen estos fríos de primeros de Junio, a veces hay que rescatar un chaquetón de abrigo, pero en ese caso, al mismo tiempo que se rescata una ropa de abrigo, pues se "repesca" algún zapato mínimamente cerrado. Posiblemente las "katuiskas" nos hayan quedado en la zona más alta del trastero. Pero, tanto como para conformarse con unas chanclas playeras para transitar bajo un aguacero... parece de poca lógica. Hay que buscar más o subirse más alto para encontrar algo más apropiado en el fondo del armario.

Hay que adaptarse a la climatología, no que ella se adapte a nuestra vestimenta, y desde luego no podemos ir de verano-invierno al mismo tiempo (bueno no debemos..., ir se puede, porque está señora daba cumplida fe de ello).

Posiblemente, también volviera de tirar la basura y por eso improvisó ese vestuario pero era tan pintoresco y antagónico como un Guardia Civl con plataformas de "drag queen".


Subí a casa y mi hijo el pequeño me mostró las primeras fotos que había tirado con una cámara de fotos. Él se sentía muy contento y me comentaba que le habían salido muy bien. Pero la verdad es que algunas estaban movidas y la mayoría eran de "medio cuerpo". Pero medio cuerpo en sentido literal. Cabeza cortada o enfoque desde el cuello para abajo y sin llegar a las piernas. Le intenté explicar como hacer una foto de nuevo, pero él solo me respondió en tono ofendido "Yo sé solo, papá".

Las dos situaciones me hicieron pensar en lo que ocurre actualmente en algunas empresas.

En estos tiempos de ajustes, de recortes, de despidos, etc.; a veces la dirección de las empresas lanzan mensajes contradictorios que inciden directamente en la motivación del Capital Humano.

Se vende que la compañía ha entrado en una política de austeridad, que han de reducirse salarios, que algunas personas han de ser despedidas, que se rebajan los incentivos, que se reduce la inversión en formación, etc.;  pero al mismo tiempo, por otro lado se realizan ciertas convenciones a todo lujo en algunos lugares paradisíacos, cuando se podrían hacer en otros lugares más asequibles y con el mismo éxito e impacto; se remodelan algunas instalaciones, se reducen despachos, etc. pero resulta que la factura de los muebles de diseño del presidente o del subdirector general se filtra "casualmente" y al hacerse pública, se descubre que su coste es un auténtico despilfarro.

Ejemplos como todos estos, los hemos oído más de una vez. Todos tenemos algún amigo que nos cuenta, bastante "quemado", acerca de los entresijos de su empresa y de lo "mal" gestionada que está, según su opinión.


Igualmente no es difícil encontrarse con alguien que te cuenta que ha habido una restructuración en su empresa y le han despedido "por ser mayor" y en su lugar han contratado a dos "juniors" que se comen el mundo. A buen seguro, serán dos individuos con muchas ganas y mucha seguridad pero a los qué la palabra profesional les viene aún un poco grande. Profesionalidad es una palabra muy seria e implica mucha responsabilidad y mucho conocimiento. Lo peor de todo es que en los últimos tiempos se utiliza con demasiada ligereza. Profesionalidad suele implicar "seniority" y solo el experto conoce la profesión que desarrolla. La RAE define como antónimos los términos: "junior" y "senior". ¿No es entonces incongruente llamar profesional a un empleado junior?.

Hay algunos directivos que le ponen a su empresa el abrigo para capear el duro invierno de la crisis mundial, pero que por otro lado siguen con las chanclas de la playa, haciendo castillos de arena (por no decir en el aire).


Una empresa que contrata a dos jóvenes prometedores, seguros de si mismos, que no saben aún enfocar el "objetivo" de su nueva empresa, que no conocen el "zoom" para no medir solo en función del corto plazo, sin pensar en la trascendencia que el hoy tendrá en el medio y largo plazo del mañana. Pero que en base a su máster en Yale o en Cambridge, se creen que se las saben todas.

Nada que ver con el buen líder, que es consecuente con sus decisiones y analiza el impacto que estás puedan tener externamente (con sus clientes y proveedores) pero también internamente (principalmente con su Capital Humano). Si hay que ser austero, él será el primero en serlo y en dar ejemplo.

Siempre hay que liderar con el ejemplo.

Y con ese líder que se deja guiar por los que más saben, por los expertos, por los "seniors", por los profesionales de cada área. Y es humilde y siempre encuentra la oportunidad donde otros solo ven caos. Y considera "la experiencia como un grado". Huye de prepotencias y es consciente que, en la ecuación de las 3 "B": "Bueno, bonito, barato"; siempre alguna de la variantes falla, llegando a materializarse tan solo dos de ellas, en el mejor de los casos.