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miércoles, 5 de junio de 2013

EL LÍDER QUE ESCUCHA, SERÁ ESCUCHADO


Hoy por la tarde, llaman al vídeo-portero de mi casa:

- Dígame.
- Hola, estamos por la zona para comentar sobre la Biblia.
- Ah! Bien. ¿Y quieren subir?.
- Si, ¿me abre por favor?.
- Vale, pero hacemos un trato. Primero, les hablo yo acerca de la filosofía hinduista-védica y luego me comentan ustedes sobre lo de la Biblia.
- Errrrr… ¿Cómo dice?.
- Pues que, mejor bajo, y hacemos un trato, yo les hablo a ustedes primero sobre Buda y luego me hablan ustedes sobre Cristo.
- Bueno… errrr… mejor, no...  Buenas tardes.

Oigo como llaman al vecino de al lado, que por cierto no está.


Primero sonrío y después pienso:

¿Cómo se puede ser convincente con lo que se quiere predicar si no se está dispuesto, a escuchar a la persona con la que pretendemos dialogar y mucho menos, a que nos rebatan?.

O lo que es lo mismo, ¿Cómo se puede ser un buen líder si crees que tan solo se pueden hacer las cosas a tu estilo y no estás abierto a escuchar otras opciones, sean de tu equipo o no? ?¿No es mejor escuchar primero y hablar después?.

¿Qué credibilidad ofrece alguien que solo está dispuesto a hablar sobre “su libro” y a quién no le interesa lo que el resto le pueda aportar?.

Como bien dice Myriam Sánchez Nocea en su post Acabo de darme cuenta: ¡¡¡No eres perfecto!!!, cuando nos creemos posicionados en la verdad absoluta, sin opción a réplica, y no damos opciones para que el resto pueda buscar sus propias respuestas, nos volvemos imperfectos.

Si no somos receptivos a las otras opiniones o comentarios, y muy especialmente a las de los miembros que conforman nuestros equipos, a la primera burda “trampa” (como la que les puse yo a los predicadores) se nos verá el plumero y perderemos toda la credibilidad ante nuestros interlocutores.

Un buen líder comparte, sondea, consulta, debate con su equipo y se deja asesorar por él. Si ignora algo, lo reconoce abiertamente. De esta forma siempre contará con su respeto. Ya que, evaluará todos los puntos de vista y liderará en pluralidad, intentando ser lo más ecuánime posible, consensuando la toma de cualquier decisión, junto con su equipo, con la máxima amplitud de miras y decidiendo entre un amplio abanico de posibilidades. Nunca se cerrará a una única idea y mucho menos a “su” única idea. Y si tiene que tomar una decisión por sí solo, su equipo sabrá que ésta ha sido meditada y analizada, siempre en pos del beneficio mutuo y por el bien del grupo.

Al mismo tiempo, cualquier persona, dentro de un equipo, ha de estar receptiva y alerta a nuevo estímulos que su líder o un compañero le puedan aportar. De igual forma, que debe de estar hambriento por aportar sus puntos de vista, sobre cualquier aspecto del que se abra debate, dentro del grupo.

Esta simbiosis produce una retroalimentación del grupo que le llevará a alcanzar altas cotas de excelencia analítica, lo que se traducirá en una mayor eficiencia del resultado final.


"Ama y serás amado, escucha y serás escuchado, juzga y serás juzgado".

Gracias por "escuchar" (leer) este post :-)