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sábado, 7 de diciembre de 2013

LA FÁBULA DEL GALLINERO


El propietario de este blog informa que la siguiente historia puede herir la sensibilidad de algunos lectores, no adaptados a los nuevos tiempos. No obstante, cualquier parecido con la realidad, de los hechos que a continuación se relatan, es pura coincidencia pues estos son producto de la más pura ficción.


Vaya por delante, que la historia está inspirada en uno de los capítulos del libro "Memorias de una gallina" de Concha López Narváez. Publicado por la editorial Anaya.

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Había una vez un gallinero donde un día llegó un gallo distinto al resto. Tenía las plumas más vistosas, suaves, rojas y brillantes que nadie había visto jamás. Andaba orgulloso y altanero con la cresta tiesa como si fuera una corona.

Todas las gallinas quedaron de inmediato completamente hipnotizadas y se pusieron a su entera disposición. Se peleaban unas con otras por poder servirle y estar a su lado.

Los otros gallos nos preguntábamos qué tenía él que no tuviéramos nosotros.

- Una de las gallinas nos dijo: ¿Qué tiene él? ¿Es que no lo veis? Vosotros sois negros y vulgares. En cambio, él es guapo, elegante, fuerte, divertido y, además, valiente.

- Y ¿Por qué sabéis que es valiente?.

- Él mismo nos lo ha dicho, no conoce el miedo.

Pero sucedió que aquella misma noche una zorra se coló en el gallinero a través de un boquete bajo la alambrada.

Alguien dijo: "¡Alerta, gallinas, estamos en peligro!".

Todos los gallos gritamos: "¡Tranquilas, gallinas, nosotros os defenderemos!". Y hasta los gallos más pequeños se unieron a la lucha contra la zorra.

-¡Sálvese quien pueda! -gritó, el nuevo gallo, volando hacía el único árbol que había en el gallinero.

Conseguimos hacer frente a la zorra, luchando todos juntos, incluso con la colaboración de algunas gallinas. Todos gritamos de alegría al verla huir.

Pero el grito más fuerte llegó desde lo alto del árbol: "¡Te vencimos zorra! Somos maravillosos. ¡Que gran estrategia!".

"¡Victoria!" siguió gritando, mientras bajaba del árbol con la cresta en alto y una pose de orgullo.

- ¿Dónde estabas tú durante la pelea? - le pregunté yo.

- ¿Dónde iba a estar? Dirigiendo la pelea desde lo alto. Soy un general. Es el mejor lugar para dar ordenes. Con mis voces gané la batalla y asusté a la zorra.

Todas las gallinas pusieron los ojos en blanco y exclamaron "¡Oooooh!".

Acto seguido, aplaudieron y aclamaron al gallo: "¡Viva nuestro general!".

- ¿Pero no os dais cuenta, gallinas?. Él es un cobarde y un vanidoso - repliqué.

Todos los ojos de las gallinas se dirigieron a mí fijamente con una auténtica mirada de fuego.

En un abrir y cerrar de ojos, era yo quien volaba para encaramarse al árbol.

- Si bajas de ahí despídete de tus plumas, gallo vulgar - replicaron algunas gallinas con tono de ira-. Te las quitaremos una a una - respondieron otras con voz furiosa.

No me quedó más remedio que quedarme en lo alto para salvar el pellejo, mejor dicho..., las plumas.


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¿Alguna vez alguien se ha colgado la medalla de uno de tus logros?.

Hay individuos que alcanzan fama y notoriedad no por su liderazgo y sus buenas cualidades, sino por la inoperancia e ineptitud de aquellos que los adulan y los encumbran.